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Largos siglos de espera recorren cada uno de los elementos que conforman la ermita de Tenoya, y algunos de los pobladores de éste pago seguimos esperando la tan ansiada restauración de éste ejemplo de patrimonio histórico olvidado. Esperemos que llegue pronto, puesto que muchos vecinos estamos ansiosos de que ésta tenga lugar, y que todo no quede en falsas promesas. Y si ésta se demorase por causas ajenas a la voluntad de todos, proponemos que mientras tanto, sean recuperados todos los objetos que pertenecieron en su día a éste recinto.

Y es que nuestra ermita no la constituyen “piedras muertas” cómo algunos manifiestan; les puedo asegurar que en la humildad y sencillez de este edificio muchos de los feligreses del pueblo se sienten más cercanos a Dios. “Es el único testimonio que nos queda de lo que había antes” dicen a viva voz algunos vecinos, y creo que en la sencillez de un pueblo de origen campesino, se encuentra la verdad.

Si quieres leer más sobre este artículo enviado por Domingo M. Guerra Hernández y por Jennifer Guerra Hernández, Licenciada en Historia, U.L.P.G.C, pulsa aquí.

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